PASA EN ETER

Una revolución llamada Método Funcional de la Voz: Método Rabine
*Por Fabiana Grosso

Pocas veces una se encuentra con un genial Maestro delante. La vida no siempre nos da ese privilegio. Pero cuando eso ocurre, cuando una tiene la fortuna de vivir eso, no se tarda ni un instante en reconocerlo. Es un momento revelador, único y fundante para nuestro propio ser. Eso fue lo que nos pasó a cada una de nosotras, las fonoaudiólogas de esta Escuela, cuando vimos por primera vez al Profesor Eugene Rabine.


Nos quedamos entre maravilladas y sorprendidas, embelesadas y llenas de curiosidad por saber de dónde había salido ese señor que hablaba de manera muy segura y contenedora, con su envolvente voz grave, sentado detrás de su piano, guiándonos por una camino absolutamente diferente a lo que conocíamos en materia del trabajo sobre la Voz.


Nos intrigó y nos fascinó cómo explicaba los fundamentos de su teoría vocal, que encajaban perfectamente en sustentos fisiológicos, biológicos, acústicos, psicosomáticos, y todos esos campos complejos que constituyen a la voz, pero que dichos por él sonaban fáciles, amenos, interesantísimos.


Todo comenzaba a cobrar sentido. Se abría frente a nosotras una nueva forma de ver y de escuchar, de entender a nuestro cuerpo, nuestra respiración y nuestra voz. Y todo esto salía de este señor que parecía hacer magia con las voces de la gente. En serio, magia. Ni un gramo de exageración. Ese señor llamado Rabine parecía un mago. Los mejores sonidos que alguna vez hayamos escuchado en una voz humana estaban saliendo de las voces de sus alumnos, ahí frente a nosotras. ¡Maravilloso!


Una revolución. Eso sentimos. Una revolución en nuestros oídos, en nuestra cabeza, en nuestro cuerpo y porqué no, en nuestro corazón. Porque hasta ese momento, en nuestra profesión y como docentes de la función vocal, veníamos repitiendo lo que en la Fonoaudiología se hacía desde hacía ya mucho tiempo, con resultados aceptables, pero con la sensación de gusto a siempre lo mismo. Algo faltaba. Algo corría el riesgo de convertirse en una receta, o tal vez ya lo era. No lo sabemos, pero las recetas si no tienen algún toque de magia y pasión, se vuelven aburridas. Y no era lo que queríamos.


La verdad que cada una de nosotras estaba en una búsqueda profesional, y así fue como a partir del año 2001, año en el cual el Profesor Rabine vino a la Argentina por primera vez, pudimos ser testigos de una revolución en el área del aprendizaje sobre la Voz Humana que fue para nosotras increíble, que se tornó fascinante porque de pronto vimos cómo este Maestro iba logrando sonidos maravillosos, plenos y llenos de armónicos en los alumnos cantantes a los cuales les dio clase en ese momento. Y entonces realmente fue para cada una de nosotras una Revolución. Así, con mayúscula.


Eugene Rabine. Eugenio, como le decimos nosotras, era cantante lírico, profesor de canto, músico, director de orquesta, gran estudioso de todas las áreas que conforman a la función vocal, pedagogo, investigador. Era todo eso y más. Pero lo más importante para nosotras es que fue Nuestro Maestro. Un Maestro es alguien que te acepta como sos, te tiene respeto, te quiere y te ayuda a encontrar lo mejor de vos para que crezcas enormemente, y como si esto fuera poco, te brinda las herramientas para que sigas creciendo independientemente de él. Así era él.


Eugenio también fue un ser inteligente, curioso, amable, sensible, generoso, creador. Creo un método, el Método Rabine, basado en sus más de 50 años de estudio y experiencia, al cual enriqueció y revolucionó todo el tiempo. Siempre había algo más para seguir aprendiendo. Sin dudas eso lo movía. Cuando vimos a este genio en acción, rápidamente nos apasionamos y fuimos detrás de estos nuevos conceptos, experiencias y sonidos que el Método Rabine proponía, y en cada oportunidad que pudimos nos acercamos a él, a nuestro querido profesor Rabine, ya sea en la Argentina o viajando hacia Alemania, lugar en donde él vivía y daba sus magistrales clases.


Viajamos varias veces, durante algunos años, y nos fuimos capacitando siempre a través del deseo de comprender cada vez más, pero especialmente, movidas por una sensación hermosa que se nos aparecía cada vez que tomábamos clases con él. Esa sensación era la del disfrute. Y claro, donde hay disfrute todo es maravilloso. La profesión se nos volvió disfrutable al cien por cien, cada día de trabajo en el cual podíamos aplicar y experimentar con lo aprendido fue apasionante. Trabajar para nosotras es una pasión. Y esto es porque nuestro Maestro nos guió hacia ese estado, con su sabiduría, su respeto y su propia pasión.


Nos enseñó a percibir en su total dimensión al paciente, al alumno, a la persona que teníamos frente a nosotras, a adentrarnos en su ser para conocer cómo esa persona se comunica, cómo vibra, cómo siente, cómo es. Mientras todo esto iba sucediendo, cada una de nosotras fue ingresando a ETER para llevar adelante las materias Foniatría, llamada así primero, y ahora, Entrenamiento Vocal, en la Carrera de Locución. Toda una apuesta por parte de los directivos. Primera escuela de locución en la que sus fonoaudiólogos eran (y son) todos estudiosos y apasionados del Método Rabine.


Y fue genial ese encuentro del Método Rabine y ETER, porque siempre nosotras como docentes tuvimos toda la libertad, apoyo y confianza por parte de toda la Escuela para ir desarrollando lo que aprendíamos junto a nuestro querido Maestro, en nuestros alumnos, nuestros futuros locutores y locutoras. Fue a través de esta metodología que fuimos logrando que cada uno de nuestros alumnos pudiera encontrar su verdadera identidad vocal. Ni más ni menos. Su propio color, su propia textura vocal, su propio ser.


Voces bellísimas, todas distintas, con brillos y armónicos exquisitamente personales, conformando una gran paleta acústica, lista para salir a conquistar el mundo locutivo. Porque en lo que a material acústico se refiere, es decir, la calidad vocal de cada uno de nuestros alumnos, tiene algo de esa magia que nuestro querido Eugenio nos enseñó a descubrir, valorar, magnificar y fortalecer. Y todavía hay mucho más para seguir desarrollando en nuestra querida Escuela en relación a la Metodología Rabine.


Pero lamentablemente, desde el jueves 1 de Noviembre, nuestro querido Eugenio ya no está, partió, y nos dejó llenas de tristeza y pesar. No es fácil haber estado tan cerca de semejante Maestro, habernos convertido en sus discípulas, y de pronto saber que ya no estará más para guiarnos. Pero sin embargo, como todo buen Maestro, nos dejó generosamente todo su trabajo ante nosotras, trabajo que seguiremos explorando y estudiando con la misma pasión.
Nos dejó un enorme amor hacia la voz humana, una gran confianza en nuestras ideas, un arsenal de recursos y estrategias para seguir avanzando hacia la autoaceptación de cada persona con su propia voz, una identidad vocal propia y positiva. Innumerables conceptos, ideas, sensaciones, muchas ganas, pasión, motivación.


Todo eso nos dejó.


Por eso vamos a continuar en este camino, trabajando desde su Método, creciendo y disfrutando, y agradeciendo siempre el habernos cruzado en la vida pudiéndonos dar cuenta al instante que delante nuestro había un genial Maestro, nuestro querido Maestro Eugenio Rabine. A él, infinitas gracias.


Muchas gracias a ETER, a sus directivos, a Eduardo Aliverti y a Marcelo Pérez Cotten por ser defensores de nuestra Metodología. Muchas gracias a nuestros queridos alumnos y alumnas por abrirse a nuestra pasión. Les agradecemos de corazón este lugar que nos brindaron para manifestar nuestro homenaje y a la vez nuestro amor al Maestro Rabine.


*Fabiana Grosso, en nombre también de mis queridas colegas Roxana Peralta y Cecilia Díaz, y de todo el plantel foniátrico de la Escuela. 

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