María Cecilia Díaz

María Cecilia Díaz

     

La música me acompaña desde mi infancia. Nací y crecí rodeada de música, cantos, bailes e instrumentos. Cada melodía, voz, sonido, movimiento y palabra significaban algo. Tal vez en ese momento no podía expresar claramente qué, pero dejaron una huella. Y como tal, esa huella a medida que pasaron los años se fue marcando más y más. Es así como decidí estudiar la carrera de Lic. en Fonoaudiología en la UBA. Recuerdo que, lo que me motivó hacerla fue la posibilidad de vincularme con las personas  y ayudarlas en su comunicación. De a poco todo ese mundo se fue abriendo. Como un abanico, comencé a estudiar canto y diferentes disciplinas que están en relación con el instrumento vocal. 

Tuve y tengo, la oportunidad de trabajar en equipos e instituciones hospitalarias públicas y privadas, en el área de la voz y el lenguaje, en donde sigo confirmando la importancia de poder contar con una voz sana y también con recursos disponibles para expresarse.  Y no solo desde un lugar clínico y asistencial. La docencia empezó a ser una forma de vincularme también con lo que me apasionaba. Y la voz, de esta manera pasaba a estar más presente en mi vida. Desde ese momento hasta el día de hoy. 

A lo largo de estas experiencias, continué disfrutando y comprendiendo con mayor intensidad que la voz es más que solo tres letras y que la definición que podía encontrar en el diccionario quedaba chica. La curiosidad de saber más sobre ese fenómeno hizo que me cruzara con el Método funcional de la voz, Método Rabine. Gracias a esa oportunidad es que pude obtener muchas respuestas que no tenía y por supuesto aceptar y entender los procesos para, que la voz pueda estar presenta desde un lugar biológico, funcional, artístico, psicoemocional y saludable. Pude participar de la formación de Maestra y Fonoaudióloga en el método funcional de la voz, Método Rabine, en Alemania (CRT-CRVth), de la cual egresé este año. 

Disfruto día a día de las posibilidades que nos da trabajar con la voz. No solo en mí sino también en la interacción con las personas. La voz es más que un sonido. Es lo que permite mantener vínculos, interactuar, sociabilizar, aprender, enseñar, intercambiar ideas, expresar emociones y muchas cosas más. 

Es así como trabajar con la voz hablada y la voz cantada me genera tanto placer. Atravesar la experiencia de entrenar a profesionales de la voz, en la Carrera de Locución, ETER y en la Escuela de Teatro Musical y como Instructora en Oratoria, UCA, y poder integrar varios aspectos comunicativos y artísticos un mismo momento es un sentimiento de alegría y felicidad. 

Y gracias a todas las experiencias recorridas,  sigo aprendiendo y creciendo como profesional. Y si bien a veces me pregunto si hay algún límite para explorar la voz y llevarla a su máximo esplendor, me calma saber que el camino es tan importante como el resultado. Y la motivación por descubrirlo es lo que hoy me vuelve a llenar el alma y a confirmar que quedan muchas huellas aún, por dejar en el camino.
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